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lunes 14 de mayo de 2007

León Battista Alberdi. De las luces y colores

Aquí me parece debido decir algo acerca de las luces y colores. Que los colores se varían mediante las luces, es evidente; pues ninguno se representa á nuestra vista en la sombra de la misma manera que quando dan en él los rayos luminosos: porque la sombra confunde al color, y la luz lo aclara y despeja. Dicen los Filósofos que no se puede ver cosa alguna, si no está bañada de luz y de color, pues entre estos y aquella hay una grande union para contribuir á la vision; la qual es tan grande, que en faltando la luz, van tambien obscureciéndose poco á poco los colores hasta que se ocultan; y en volviendo la claridad, vuelven igualmente los colores á nuestra vista por la virtud de aquella. Siendo esto así, será bien tratar prímero de los colores, y luego investigarémos de qué modo se varían estos con la luz. Dexemos aparte las disputas filosóficas sobre quál es el nacimiento y origen de los colores, pues nada le importa al Pintor saber de qué modo se engendra el color de la mixtion del raro y del denso, o del cálido y seco, o del frío y húmedo. No por eso dexo de estimar á los que disputan filosóficamente sobre éste punto, afirmando que los colores primitivos son siete; que el blanco y el negro son los extremos, entre los quales hay uno que está enmedio, y que entre cada uno de estos extremos y el medio hay otros dos en ambas partes: y porque el uno de estos se aproxima mas al un extremo que al otro, lo colocan de modo que parece dudan en donde ponerle. Al Pintor le basta saber quáles son los colores, y de qué modo se ha de servir de ellos en la Pintura. No quisiera que me reprehendieran algunos sabios, que siguiendo el parecer de varios Filósofos, dicen que en la naturaleza de las cosas solo se encuentran dos colores verdaderos, que son el blanco y el negro; y que todos los demas nacen de la union de estos. Yo, como Pintor, comprehendo por ésta proposícion que de la mixtion de los colores se originan otros infinitos; pero para los Pintores son quatro los colores primitivos, así como son quatro los elementos, de los quales nacen otras muchas especies diferentes. Hay el color del fuego que es el roxo; hay el del ayre que se llama azul; el del agua que es el verde, y el de la tierra que es el amarillo. Todos los demas colores se hacen con la mezcla de estos, como sucede al diáspro y al pérfido. Son, pues, quatro los géneros de colores, de los quales mediante la mezcla del blanco y del negro se engendran inumerables especies; pues en las yerbas, que son verdes, vemos que van perdiendo la belleza de su color por grados hasta que se vuelven casi blancas. Lo mismo advertimos en el ayre, que tal vez toma el color de algun vapor blanco ácia el orizonte, y luego vuelve poco á poco al suyo primero. En las rosas se puede experimentar lo mismo, pues algunas tienen el color tan encendido, que se aproxima mucho al carmesí, otras tienen el colorido de las mexillas de una doncella, y otras parecen blancas como el marfil. El color de la tierra tambien tiene sus diferencias mediante la mezcla del blanco y del negro; pues la mezcla del blanco no muda el género del color, sino que origina otra especie diferente y la misma virtud tiene el negro, pues con su mezcla se originan varias especies. Todo lo qual está muy arreglado á la naturaleza, pues todo color se altera con las sombras y se hace diferente de lo que era; porque aumentándose la obscuridad se disminuye la claridad y blancura del color, y en aumentándose ésta se acrecienta su explendor. Por esto puede tener entendido el Pintor, que el blanco y el negro no son colores verdaderos, sino los transformadores suyos, digámoslo asi. Verdad es que en la Pintura no se ha encontrado mas que el blanco para expresar el mayor grado de luz, y el negro para representar las tinieblas y su obscuridad. Ademas en ninguna parte se hallará el blanco ó el negro, que no cayga baxo algun género de color. ...

Tratado de la pintura, Libro Primero, León Battista Alberdi