Forma y verdad en el arte (1)
Todo arte se desarrolla idénticamente fuera de la vida, constituye una "bella apariencia". El carácter estético aparente del arte surge del hecho de que es hijo de la fantasía. En la medida en que la fantasía, separada de la razón, constituye el ámbito de las tradiciones, representaciones, deseos y sueños libres, es decir, no sublimados, su encarnación espiritual sensible, el arte también se encuentra, por consiguiente, más allá de toda sublimación. La fantasía, al igual que el arte, que es su producto, se define justamente por la capacidad de desprenderse de las tendencias de sublimación que la conciencia común posee. En ello estriba precisamente su función psíquica. ...
El esclarecimiento del origen psíquico del arte se desprende de sí mismo y por ello no requiere contestación la pregunta de cómo se realiza, o, con otras palabras, por qué sendas, que nosotros declaramos como estéticas, tiene que discurrir para que se realice como auténtico arte. La elaboración desordenada de la fantasía está tan lejos de crear arte por sí misma como los sueños diurnos respecto al arte. La transformación de los "mundos" de la fantasía en expresiones de relevancia artística se lleva a cabo por el camino de su realización ordenada respecto a su objeto fundamental, el hombre. Si los contenidos de la fantasía libre han de manifestar su sentido estético o han de contener un sentido estético, ello podrá realizarlo refiriéndose al hombre y a su esencia original comprensible antropológicamente. La verdad del arte es la verdad del hombre. La fantasía no puede establecer ninguna norma de la verdad estética dada la característica que tienen las representaciones de fluir irracional e ilimitadamente. Es impotente frente a las deformaciones represivas procedentes del mundo exterior que se infiltran en su propio ámbito y ofrecen la ilusión de libertad allí donde en realidad se disputan intereses antagónicos al hombre (por ejemplo, las representaciones fascistas de la libertad). Es impotente frente a las falsificaciones de la esfera de sus representaciones no sublimadas. Por esta razón necesita vincularse a la antropología y a aquellos de sus conocimientos –aunque éstos no tengan sino una aplicación meramente estético-intuitiva en la praxis artística– que impongan determinadas directrices a la elaboración de la fantasía en la ejecución artística. Y se trata de directrices que por su parte se desprenden de lo que antropológicamente puede definirse como la existencia primaria sociohumana. Por ejemplo, en esta definición se comprende, y de modo especial, la relación inseparable del hombre con los demás hombres (la socialización), la existencia en el tiempo objetivo y en el espacio objetivo –posteriormente veremos la importancia fundamental de este punto de vista en el confrontamiento con la literatura moderna– y el desarrollo del hombre, es decir, la relevancia dialéctica de este proceso.
Del análisis y síntesis de las condiciones antropológicas de la elaboración artística de la fantasía (intuición) se desprende como resultado lo que pueden denominarse reglas estéticas del arte auténtico. Y dado que estas reglas encontraron su aplicación preponderantemente en el arte clásico, se llaman también reglas clásicas.
...
¿En qué consiste pues la forma estética? Por lo pronto, para presentar la respuesta a modo de tesis, digamos que consiste en una suficiente configuración estética del contenido. ¿Pero en qué consiste una configuración semejante del contenido? ... La debilidad mayor de la teoría burguesa del arte consiste precisamente en su constante deslizamiento hacia la problemática meramente técnica que trata de confundir con los problemas estéticos –en sentido estricto– de la forma. Posteriormente veremos que esta debilidad no es casual, sino que se explica partiendo de la raíz ideológica de la conciencia burguesa, es decir, de la conciencia que por su posición de clase se separa de la verdad.
Algo semejante puede afirmarse respecto a la pintura. Pero si en ella puede hablarse de una relación dialéctica entre la técnica externa y la forma estética con más razón todavía que en la literatura, ambos no deben de confundirse como sucede constantemente en la estética burguesa. Dejando aparte las pinturas puramente decorativo-formalistas –aquí formalistas no significa otra cosa que la ausencia de una relación expresiva – todo cuadro presenta una expesión sobre el "mundo" y está comprometido en este sentido general. En la pintura abstracta y semiabstracta moderna estas expresiones tienen en la mayoría de los casos una naturaleza sugestivo-tenebrosa, disgregada, corrosiva y negativa, independientemente de que se presente de un modo todavía comprensible o se deforme alegóricamente. Es decir, si queremos expresarlo de un modo teórico general, esta expresión se caracteriza por un cuño simbólico-nihilista. Ello se pone de manifiesto estético-formalmente en la correspondiente estructura de lineas y planos desgarrados, así como en la coloración concordante, con preponderancia de tonos fuertes, llegando incluso hasta los acres y los colores sucio-obscuros. E aspecto meramente técnico estriba en la capacidad de trabajar el lienzo (el material en sí), el lápiz y los colores, cosa que apenas distingue a un buen dibujante profesional de letreros de un artista dotado.
Veamos un ejemplo muy característico e interesante en varios sentidos. ... Werner Thomas escribe:
"En cada caso, el artista se ha creado su propio cosmos. Este cosmos resulta de las impresiones de un mundo aprehendido o reflejado de modo espontáneo. ... En ello hay que delimitar inmediatamente la dimensión de lo espontáneo. Stählin es un artista reflexivo, un lógico de las posibilidades técnicas. Desprecia los "colores naturales" y prefiere los productos químicos ... De este modo resultan composiciones multiformes que concuerdan entre sí de forma eminentemente precisa en las tonalidades de los colores... No cabe ninguna duda: nos encontramos con la obra de un gran artista. Tanto en sus formatos apaisados como en sus esbeltas formas elevadas, se plasma una poesía, una poesía que se presenta..." (1)
¿Qué hemos comprendido sobre la obra de Stählin? ¡Aspectos técnicos y nada más que técnicos! Sin embargo, este método de "interpretación" de obras artísticas modernas es usual. No pone de relieve más que una forma ideológica de la huida de la verdad, la verdad de que el arte moderno, pseudo-crítico y por tanto acomodado en sus últimos efectos al mundo burgués, desemboca en el nihilismo capitalista tardío que transforma ontológicamente el ser en una nada eterna.
1 Werner Thomas, Einführung in das Werk Erwin Sählins gelegentlich dessen Ausstellung in der "instel", Marl, 1967
Arte abstracto y literatura del absurdo, Leo Kofler, Barral, 1972
El esclarecimiento del origen psíquico del arte se desprende de sí mismo y por ello no requiere contestación la pregunta de cómo se realiza, o, con otras palabras, por qué sendas, que nosotros declaramos como estéticas, tiene que discurrir para que se realice como auténtico arte. La elaboración desordenada de la fantasía está tan lejos de crear arte por sí misma como los sueños diurnos respecto al arte. La transformación de los "mundos" de la fantasía en expresiones de relevancia artística se lleva a cabo por el camino de su realización ordenada respecto a su objeto fundamental, el hombre. Si los contenidos de la fantasía libre han de manifestar su sentido estético o han de contener un sentido estético, ello podrá realizarlo refiriéndose al hombre y a su esencia original comprensible antropológicamente. La verdad del arte es la verdad del hombre. La fantasía no puede establecer ninguna norma de la verdad estética dada la característica que tienen las representaciones de fluir irracional e ilimitadamente. Es impotente frente a las deformaciones represivas procedentes del mundo exterior que se infiltran en su propio ámbito y ofrecen la ilusión de libertad allí donde en realidad se disputan intereses antagónicos al hombre (por ejemplo, las representaciones fascistas de la libertad). Es impotente frente a las falsificaciones de la esfera de sus representaciones no sublimadas. Por esta razón necesita vincularse a la antropología y a aquellos de sus conocimientos –aunque éstos no tengan sino una aplicación meramente estético-intuitiva en la praxis artística– que impongan determinadas directrices a la elaboración de la fantasía en la ejecución artística. Y se trata de directrices que por su parte se desprenden de lo que antropológicamente puede definirse como la existencia primaria sociohumana. Por ejemplo, en esta definición se comprende, y de modo especial, la relación inseparable del hombre con los demás hombres (la socialización), la existencia en el tiempo objetivo y en el espacio objetivo –posteriormente veremos la importancia fundamental de este punto de vista en el confrontamiento con la literatura moderna– y el desarrollo del hombre, es decir, la relevancia dialéctica de este proceso.
Del análisis y síntesis de las condiciones antropológicas de la elaboración artística de la fantasía (intuición) se desprende como resultado lo que pueden denominarse reglas estéticas del arte auténtico. Y dado que estas reglas encontraron su aplicación preponderantemente en el arte clásico, se llaman también reglas clásicas.
...
¿En qué consiste pues la forma estética? Por lo pronto, para presentar la respuesta a modo de tesis, digamos que consiste en una suficiente configuración estética del contenido. ¿Pero en qué consiste una configuración semejante del contenido? ... La debilidad mayor de la teoría burguesa del arte consiste precisamente en su constante deslizamiento hacia la problemática meramente técnica que trata de confundir con los problemas estéticos –en sentido estricto– de la forma. Posteriormente veremos que esta debilidad no es casual, sino que se explica partiendo de la raíz ideológica de la conciencia burguesa, es decir, de la conciencia que por su posición de clase se separa de la verdad.
Algo semejante puede afirmarse respecto a la pintura. Pero si en ella puede hablarse de una relación dialéctica entre la técnica externa y la forma estética con más razón todavía que en la literatura, ambos no deben de confundirse como sucede constantemente en la estética burguesa. Dejando aparte las pinturas puramente decorativo-formalistas –aquí formalistas no significa otra cosa que la ausencia de una relación expresiva – todo cuadro presenta una expesión sobre el "mundo" y está comprometido en este sentido general. En la pintura abstracta y semiabstracta moderna estas expresiones tienen en la mayoría de los casos una naturaleza sugestivo-tenebrosa, disgregada, corrosiva y negativa, independientemente de que se presente de un modo todavía comprensible o se deforme alegóricamente. Es decir, si queremos expresarlo de un modo teórico general, esta expresión se caracteriza por un cuño simbólico-nihilista. Ello se pone de manifiesto estético-formalmente en la correspondiente estructura de lineas y planos desgarrados, así como en la coloración concordante, con preponderancia de tonos fuertes, llegando incluso hasta los acres y los colores sucio-obscuros. E aspecto meramente técnico estriba en la capacidad de trabajar el lienzo (el material en sí), el lápiz y los colores, cosa que apenas distingue a un buen dibujante profesional de letreros de un artista dotado.
Veamos un ejemplo muy característico e interesante en varios sentidos. ... Werner Thomas escribe:
"En cada caso, el artista se ha creado su propio cosmos. Este cosmos resulta de las impresiones de un mundo aprehendido o reflejado de modo espontáneo. ... En ello hay que delimitar inmediatamente la dimensión de lo espontáneo. Stählin es un artista reflexivo, un lógico de las posibilidades técnicas. Desprecia los "colores naturales" y prefiere los productos químicos ... De este modo resultan composiciones multiformes que concuerdan entre sí de forma eminentemente precisa en las tonalidades de los colores... No cabe ninguna duda: nos encontramos con la obra de un gran artista. Tanto en sus formatos apaisados como en sus esbeltas formas elevadas, se plasma una poesía, una poesía que se presenta..." (1)
¿Qué hemos comprendido sobre la obra de Stählin? ¡Aspectos técnicos y nada más que técnicos! Sin embargo, este método de "interpretación" de obras artísticas modernas es usual. No pone de relieve más que una forma ideológica de la huida de la verdad, la verdad de que el arte moderno, pseudo-crítico y por tanto acomodado en sus últimos efectos al mundo burgués, desemboca en el nihilismo capitalista tardío que transforma ontológicamente el ser en una nada eterna.
1 Werner Thomas, Einführung in das Werk Erwin Sählins gelegentlich dessen Ausstellung in der "instel", Marl, 1967
Arte abstracto y literatura del absurdo, Leo Kofler, Barral, 1972










0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada