De lágrimas y de santos
¿Qué haría yo sin el paisaje holandés, sin Salomon y Jakob Ruysdael o Art van der Neer? Cada uno de sus lienzos asociados a las nubes, a tonos crepusculares y brisas marinas, a vastedades movedizas creadas para acompañar al solitario. Cuadros que son comentarios sobre la melancolía.
Los árboles, aislados o apretados unos contra otros bajo un cielo demasiado grande; los animales que no pacen la hierba sino lo infinito; los hombres que no van a ningún sitio, que esperan inmóviles en los repliegues de la sombra, –todos participan en un mundo donde hasta la luz aumenta el misterio. Lo que Vermeer van Delft, el maestro de la intimidad, de los silencios confidenciales, nos revela en sus retratos y en sus interiores, lo que en él hace palpable el silencio sin el recurso a un claroscuro de grandes proporciones, mediante pinceladas delicadas, Jakob Ruysdael, más poeta que pintor, lo proyecta en el espacio sin límites, en un claroscuro monumental. Se oye el silencio de los crepúsculos– es el encanto desolado del paisaje holandés, al que hay que añadir cierta vibración sin la cual le faltaría a la melancolía el toque poético.
E.M. Cioran










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